Por: Onelio Domínguez
La partida del fotorreportero Franklin Guerrero deja más que dolor: deja una profunda reflexión para todos los que vivimos del ejercicio diario de la comunicación.
Franklin no solo fue un amigo, fue un verdadero guerrero del fotoperiodismo dominicano. Como muchos de nosotros, dedicó años a cubrir historias importantes, muchas veces en escenarios difíciles, peligrosos y comprometidos. Jornadas extensas, riesgos constantes y una entrega total que, al final del día, pocas veces es reconocida en su justa dimensión.
Esta realidad nos obliga a mirarnos. A cuestionar el sistema en el que trabajamos. Porque quienes hacemos comunicación, quienes servimos a los medios durante años, terminamos muchas veces agotados, enfermos, y en silencio, regresando a casa con el peso de una vida entregada… para luego desaparecer sin el respaldo que merecemos.
Los medios de comunicación, en ocasiones, operan como equipos de Grandes Ligas: mientras eres útil, permaneces; cuando ya no rindes igual, simplemente te sustituyen. Es una comparación dura, pero tristemente cercana a lo que muchos viven.
Hoy queda esta reflexión para nuestros compañeros: para aquellos que han sacrificado tiempo, salud, familia y vida personal por cumplir con este oficio. Para quienes han comido a deshoras, han dormido poco y han puesto en riesgo su bienestar por contar historias.
Este es el momento de pensar en nosotros, en nuestra dignidad y en el valor de nuestro trabajo.
Paz al alma de Franklin Guerrero, un verdadero guerrero del periodismo dominicano, cuya partida no debe ser en vano, sino un llamado a la conciencia de toda una profesión.
