Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Pareciera que hasta los delincuentes tienen su santo protector. Cuando salen a las calles a delinquir, también se encomiendan a alguien en quien depositan su fe, esperando que los libre de cualquier peligro y les permita regresar sanos y salvos.
Algunas veces tienen suerte y logran escapar; otras, su supuesto protector parece tener más juicio que ellos y entiende que no todos merecen ser protegidos.
Porque hasta para delinquir hay quienes buscan protección divina, aunque sus acciones pongan en peligro la vida de los demás.
Al parecer, algunos le piden a Dios que los cuide mientras hacen todo lo contrario a lo que Él representa.
