Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
El mañana no nos pertenece. Es solo una posibilidad.
Todos esperamos el mañana con ansiedad, con deseos, con planes y muchas veces, con la esperanza de que algo cambie, que algo llegue o que finalmente suceda aquello que tanto hemos esperado.
El mañana es ese tiempo que aún no pasa, ese futuro que imaginamos y al que le entregamos nuestros sueños, nuestras decisiones y hasta nuestra felicidad.
Decimos: mañana lo haré, mañana comenzaré, mañana llamaré, mañana pediré perdón, mañana visitaré a esa persona, mañana disfrutaré, mañana cambiaré.
Pero… ¿y si el mañana no llega?
Nos hemos acostumbrado tanto a posponer la vida que creemos tener garantizado el tiempo.
Dejamos para después un abrazo, una conversación, una disculpa, una visita, un sueño. Como si el reloj nos debiera una oportunidad más.
Y mientras esperamos ese mañana perfecto, se nos escapa el único momento que realmente tenemos: el hoy.
¿Cuántas cosas hemos dejado de hacer esperando el momento adecuado? ¿Cuántas personas hemos perdido pensando que tendríamos tiempo para volver a encontrarlas? ¿Cuántas palabras se quedaron guardadas porque creímos que mañana sería un mejor día para decirlas?
La vida no siempre avisa cuándo será la última vez.
Última llamada.
Último abrazo.
Última conversación.
Última oportunidad.
Por eso, quizás deberíamos dejar de vivir esperando tanto el mañana y comenzar a darle valor al presente.
No se trata de vivir irresponsablemente ni de abandonar los planes para el futuro. Se trata de entender que planificar el mañana no puede significar desperdiciar el hoy.
Porque el mañana es una promesa que nadie tiene firmada.
¿Y si el mañana no llega?
Entonces quizás descubramos demasiado tarde que pasamos la vida esperando vivir.
No dejemos para mañana el amor que podemos demostrar hoy, el perdón que podemos pedir hoy, la palabra que podemos decir hoy ni el sueño que podemos comenzar a construir hoy.
Porque el mañana puede ser el futuro.
Pero el hoy es la oportunidad.
