Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
«Hay quienes carecen de recursos, pero también quienes, teniéndolo todo, carecen de paz.”
Ser un infeliz no siempre significa no tener dinero, vivir con humildad o carecer de recursos económicos. También puede ser una conducta adoptada por el ser humano, una manera de vivir y de relacionarse con los demás.
Hay muchos infelices de recursos y también muchos infelices del alma.
Hay quienes no tienen lo esencial para sobrevivir económicamente en una sociedad donde las oportunidades parecen repartirse siempre hacia un mismo lugar. Esos son los que luchan cada día por conseguir lo básico, buscando alternativas para sobrevivir.
Pero también están aquellos que poseen millones, propiedades, lujos y todo cuanto el dinero puede comprar, y aun así viven en una profunda infelicidad.
Porque el dinero puede comprar comodidad, pero no necesariamente tranquilidad. Puede comprar una cama, pero no el sueño; una casa, pero no un hogar; compañía, pero no afecto; tratamientos, pero no siempre salud emocional.
Entonces, ¿qué hacemos con la infelicidad del alma?
Los recursos económicos pueden ayudarnos a resolver muchas necesidades materiales. Cuando falta dinero, podemos buscar trabajo, emprender, ahorrar, pedir ayuda o buscar alternativas para salir adelante.
Pero cuando lo que falta es paz interior, ¿dónde se compra?
¿Cómo se cura un alma llena de rencor, envidia, soberbia, resentimiento o vacío?
Quizás ahí está la verdadera pobreza.
Porque hay personas que tienen los bolsillos llenos y el corazón completamente vacío. Y mientras algunos luchan por conseguir un plato de comida, otros luchan por llenar un vacío que ni todos sus millones han podido llenar.
No confundamos pobreza con infelicidad.
Pobre puede ser quien no tiene recursos económicos.
Infeliz puede ser quien, teniéndolo todo, no sabe disfrutar nada.
Al final, la pregunta no es cuánto tenemos en el bolsillo, sino qué llevamos dentro del alma.
Porque existen carencias que el dinero puede resolver y otras que ni todo el dinero del mundo puede comprar.
