Opinión

Violencia contra la mujer

Escrito por Santiagoesnoticia

Por Hilario Ramírez

 

Los rasgos culturales relacionados con la distribución de los roles familiares y, desde ese mismo seno, extendidos hacia las prioridades sociales, enseñan en diversos países a los niños a imponer una verdad ejecutable siempre que haya sido decidida por el varón como representante de todo tipo de autoridad.

Ese aire machista inculcado constituye una normativa familiar que puede alimentar el desenfreno emocional de muchos hombres que expresan sentimientos de misoginia.

Por muy desarrollado que tenga el cerebro metódico, lo académico se cae en el inodoro cuando el razonamiento de un hombre resulta inversamente proporcional a su capacidad para respetar la autonomía de su pareja.

En esas circunstancias, el conocimiento adquirido pierde todo valor frente a la incapacidad de controlar los impulsos y comprender que ninguna persona es propiedad de otra.

Las actitudes violentas nacidas del orgullo masculino frustrado quedan enmarcadas en una lúgubre tortura de interrogantes sin respuestas, soterrada bajo la incertidumbre de un pensamiento abrumado ante el miedo de estar ocupando un espacio que ya fue entregado a otro hombre imaginario, dibujado por las dudas de los celos.

Esto significa que las emociones masculinas pueden llegar a adquirir un nivel de dependencia tan grande que el raciocinio se vuelve casi invisible.

La falta de inteligencia emocional para controlar la energía de los sentimientos puede provocar un apagón del juicio, permitiendo que los celos y la inseguridad ocupen el espacio que debería corresponder al pensamiento racional.

La ciencia ha demostrado que, en términos generales, existen diferencias de fortaleza física entre hombres y mujeres.

Sin embargo, esa realidad nunca debe utilizarse como argumento para establecer relaciones de dominación, sometimiento o violencia.

La inteligencia emocional de ambos géneros debe convertirse en una oportunidad para comprender que el poder dentro de una relación no debe medirse por la fuerza física, sino por la capacidad de respetar la voluntad del otro.

El ser humano puede dejarse llevar por palabras esperanzadoras, por la atracción física, por el deseo y por las ilusiones propias del enamoramiento.

Sin embargo, ninguna de esas experiencias concede a una persona el derecho de apropiarse de la voluntad de otra.

Todavía tenemos mucho que aprender para adaptar nuestras intuiciones y emociones a una convivencia capaz de reeducar el salvajismo de la conducta violenta.

Esa transformación exige comprender la independencia que existe entre un género y el otro.

La vida humana posee un conjunto de responsabilidades sociales e individuales.

En esa fuerza natural de la existencia, así como los sistemas que motorizan las funciones orgánicas del cuerpo, nadie puede dar forma tangible a los sentimientos como si estos estuvieran sujetos a obedecer una firma contractual.

Tanto el hombre como la mujer deben respetar la idiosincrasia y el criterio de su pareja para decidir qué hacer con sus sentimientos.

La atracción, el deseo y la energía sexual forman parte de la experiencia humana, pero ninguna de esas emociones otorga autoridad para ordenar al cerebro entregar la voluntad a otra persona.

La lengua humana nos enseña que, en el arte de organizar las ideas conforme a nuestras experiencias, el proceso comunicativo mediante el uso del lenguaje nos permite construir figuras a partir de cada expresión.

De acuerdo con la semiología, los significantes se articulan mediante signos y símbolos que adquieren significado gracias a nuestra capacidad lingüística.

Ese razonamiento demuestra por qué los recursos poéticos dan forma a las figuras literarias utilizadas por la imaginación de un cerebro enamorado.

De manera equivocada, y sin importar el nivel de escolaridad, algunos hombres confunden sus apetencias y ocurrencias poéticas de pretender desposar a una dama con la realidad biológica y jurídica de esa persona, llegando incluso a creerse merecedores de un título de propiedad sobre ella.

La vida en pareja puede interpretarse como un privilegio divino y universal para compartir experiencias y disminuir las tempestades emocionales ocasionadas por los cambios hormonales y las circunstancias propias de la convivencia.

Esa bendición sociológica es distinta de la soberanía individual que conserva cada persona cuando decide cambiar el rumbo de su vida.

La creciente tendencia de los feminicidios podría encontrar parte de su prevención en programas educativos y psicológicos dirigidos a fortalecer la conciencia emocional masculina.

Psicólogos, psiquiatras y especialistas en educación podrían participar, junto con las instituciones del Estado, en planes destinados a preparar al hombre para comprender que una infidelidad o una ruptura no justifican jamás la violencia.

Ante una relación en la que existe deslealtad, la respuesta racional consiste en retirarse de ella y continuar con el proyecto de vida.

Despedir a quien no es de fiar puede convertirse en una oportunidad para recuperar la tranquilidad, sin permitir que la traición destruya la cordura ni conduzca a una conducta violenta.

Un seminario al respecto ayudaría a desaprender ideas de superioridad egoísta y a comprender que ninguna persona es el cordón umbilical de otra.

Cada quien es dueño de su propio cuerpo, de su voluntad y, dentro del marco de la ley, responsable de sus actos.

Cuando una persona triunfa, tiene compromisos morales con Dios, consigo misma y con la sociedad para agradecer y actuar responsablemente.

En sentido contrario, cuando se presentan circunstancias delictivas, quien viola la ética y las leyes debe responder ante los estamentos judiciales correspondientes, no ante el morbo de personas chismosas o curiosos enfermizos.

La violencia contra la mujer no puede justificarse por los celos, la infidelidad, el abandono ni por ninguna otra circunstancia emocional.

Amar a una persona implica reconocer su libertad. Y cuando una relación termina, conservar la dignidad significa aceptar que el otro tiene derecho a continuar su camino.

Sobre el autor

Santiagoesnoticia

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