Por: Marisela Gutiérrez
Siempre me he preguntado por qué, si la Policía Nacional y el Ministerio Público tienen el mismo propósito. salvaguardar el orden y castigar los delitos, actúan como si fueran dos mundos separados.
En lugar de trabajar unidos, muchas veces parecen competir por el mérito, sin importar si los casos llegan a resolverse con justicia.
Cuando se cuestiona a uno, responde culpando al otro: que si la Policía no sustenta bien los expedientes, que si la Fiscalía no da seguimiento, que si el juez liberó sin razón…
Entonces, ¿de verdad comparten el mismo objetivo?
Porque si así fuera, ya deberían estar alineados, colaborando,compartiendo datos, estrategias y compromisos. No enfrentándose.
Es preocupante ver cómo la Policía actúa con rigidez y persecución, mientras en muchos casos la Fiscalía aplica tratos flexibles, incluso dejando en libertad a quienes evidentemente deberían enfrentar una sanción ejemplar.
No hay justicia real si los actores clave *no trabajan como equipo*.
Y mientras esa desunión siga, quien paga el precio es la sociedad que pierde la confianza en ambos.
