No escribo para agradar, escribo para que despierten.
Por: Marisela Gutiérrez
Siempre he creído que para ejercer con ética y profesionalismo, no es necesario tocar la vida personal de nadie.
Informar no es invadir. Cuestionar no es herir.
Muchas veces, por falta de contenido o argumentos sólidos, algunos recurren al plano personal como recurso fácil para “impactar”.
Pero eso no solo debilita la credibilidad, sino que hiere lo más sensible e irreparable que una persona tiene: su entorno familiar, su intimidad, su humanidad.
Si no quiero que me toquen, no debo tocar.
Si la crítica es profesional, que se quede en lo profesional.
Tocar lo intocable con fines de provecho personal solo revela bajeza, no poder.
Porque tarde o temprano, «quien juega sucio termina siendo víctima de su propio juego».
Y luego, se queja… cuando ya es tarde.
«Lo que está quieto, quieto se deja».
