Por Hilario Ramirez
Siembra confianza en terreno sagrado y cosecharás confort, libre de presiones sociales.
No muestres el color de tus intenciones y así podrás disfrutar del placer de una liviana carga.
Cuando un burro, mula o caballo siente demasiado pesada una carga colocada sobre su lomo por un abusador, se dice que ese animal “se echó”.
Es una manera de dar a entender que su capacidad para soportar la carga llegó a sus límites y, por tal razón, su estado de ánimo también se desploma.
Exactamente similar es el sentir emocional de alguien después de ser impactado por una carga ambiental más que física.
Tan pronto su cerebro procesa, en el campo moral, una situación que desactiva la luz de la confianza y la credulidad sobre el proceder de quienes lo rodean, puede sentirse traicionado por personas desleales.
Sin importar el aspecto fortificado de un cuerpo humano, su sistema neurológico puede caer de rodillas al llegar a sus sentidos auditivos y visuales, información que evidencia una perceptible traición.
Una decepción permite apreciar una precipitada caída de la voluntad y del dinamismo personal.
Cuando te entregas, incauto, a una disposición solidaria e inocente, el efecto sorpresa termina reclamándote por tu descuido al confiar demasiado en tus semejantes, algunos de ellos con intenciones malvadas.
De manera silente, eres enfrentado a diario por el cambio de parecer y la conducta conveniente de personas irresponsables e incumplidoras, tentadas por la avaricia, que compite con tu procurada calidad de vida.
Aprende a comunicarte contigo mismo y podrás, al igual que Dios hecho hombre, caminar sobre las aguas de la prudencia y la sabiduría.
Con ellas podrás alcanzar un nivel de alerta y seguridad frente a los farsantes.
La fuerza física es la capacidad del cuerpo para mover peso y vencer la resistencia mediante los músculos.
La fuerza emocional es la habilidad de la mente para soportar el dolor, el estrés y los problemas de la vida sin rendirse.
Características del resiliente.
Ambas son distintas, pero se necesitan mutuamente para vivir bien.
La denominada “ley de la fuerza” se conoce como la Segunda Ley de Newton o principio fundamental de la dinámica. Esta ley establece que la fuerza neta aplicada a un objeto es igual a su masa multiplicada por la aceleración que adquiere:
F = m · a
Conformarte con lo poco ganado a través de tu fuerza laboral, proporciona mayor satisfacción personal que aceptar migajas por lástima.
Es enfermizo vivir de las migajas, porque mediante ellas pueden manipularte y, aunque no puedas visualizarlo, pueden comprometerte a tal nivel que termines cayendo en una especie de esclavitud frente a quienes aparentan ser solidarios. De esa manera, pueden convertirte en dependiente de sus caprichos y de sus humillaciones.
