Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
¿Cuántas familias siguen llorando la pérdida de un ser querido por no aceptarse tal como fue creado?
En una sociedad donde la apariencia pesa más que la vida, muchos prefieren el filo de un bisturí antes que buscar ayuda profesional, orientación o sanar desde dentro.
Algunos trabajan incansablemente para pagarse una cirugía estética. Otros encuentran quien se la patrocine. Pero hay una pregunta que nadie responde: ¿quién les garantiza la vida?
Sí, muchas personas han salido ilesas.
Pero otras solo quedaron como un recuerdo, atrapadas en un intento desesperado por alcanzar una belleza que nunca necesitaron para valer.
La verdadera transformación no está en la piel está en la mente.
Porque cuando la inseguridad toma el control, el bisturí deja de ser una herramienta y se convierte en un riesgo.
