Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
El ser humano, al parecer, seguirá aferrado a la falsa creencia de que lo que se acuesta no se levanta.
Ahí está el Río Yaque del Norte, convertido en costumbre, en paisaje ignorado, en herida abierta.
El Yaque dormilón.
Un río que muchos dan por muerto, pero que en realidad solo está cansado… cansado del abuso, del olvido, de la indiferencia.
Solo la naturaleza tiene la fuerza para levantarlo, mientras el ser humano insiste en hundirlo más.
Lo maltrata sin piedad, lo contamina, lo reduce, lo desprecia, como si nunca fuera a responder.
Pero el río sí responde.
Y cuando despierta, no pide permiso.
Arrastra, inunda, desborda, y entonces los mismos que lo ignoraron son los primeros en llamarlo tragedia.
No estaba muerto.
Estaba esperando.
Porque la naturaleza no olvida, solo acumula.
Y lo que hoy parece dormido, mañana puede ser el grito más fuerte.
El problema no es que el Yaque despierte.
El problema es que el ser humano sigue acostado.
