Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Hay muchas maneras de expresar las cosas: unas nacen de lo que vemos, otras de lo que escuchamos y muchas de lo que sentimos en lo más profundo del alma. Porque no siempre la verdad llega de la misma forma; a veces entra por los ojos, otras por los oídos y, en ocasiones, golpea directamente el corazón.
Cada persona interpreta la vida según sus experiencias, sus heridas y sus silencios. Por eso hay quienes hablan para encajar, quienes callan para evitar conflictos y quienes simplemente dicen lo que piensan, aunque incomode.
Yo pertenezco a esos que prefieren la sinceridad antes que la hipocresía. Porque callar lo que se siente también puede convertirse en una forma de traicionarse a uno mismo.
No todo lo que se dice busca herir; muchas veces busca despertar. Hacer que la gente mire más allá de la apariencia, que entienda que detrás de cada situación existe una realidad que pocos se atreven a señalar.
Como lo pienso, lo digo.
Sin maquillaje.
Sin disfraces.
Sin miedo a las críticas.
Porque al final, las palabras dichas con verdad pueden incomodar por un momento, pero las mentiras disfrazadas de conveniencia terminan destruyendo por completo.
