Por Hilario Ramírez
La sociología, amparada en la exégesis de estudiosos de la Biblia, recoge datos históricos de la antigüedad a partir del recorrido realizado por el Hijo del Dios creador, interesado en cuidar a quienes fueron creados a su semejanza e imagen.
Podemos encontrar una enseñanza relacionada con ello en el Sermón del Monte. La moraleja de «poner la otra mejilla» (Mateo 5:39).
Plantea que no se debe responder a la violencia ni a la ofensa con más violencia, sino desarmar la agresión mediante la dignidad, la firmeza moral y el amor activo.
Esto solo es posible si aprendemos a educar nuestra satisfacción personal con aquello que nuestro propio criterio construye, sin concederle al «qué dirán» el poder de dirigir nuestras decisiones.
Si, al despertar cada día, tus sueños persiguen un propósito y acudes a entregar tu confianza a discursos de estructura piramidal, el fracaso será aquello que terminarás transmitiendo a tus hijos como una cadena de argumentos y pretextos.
«Entre lo dicho y el hecho hay un largo trecho» es una frase doctrinal de la costumbre dominicana.
A los niños dominicanos se les instruye para que cuiden sus expresiones, de modo que estas reflejen su desarrollo educativo y cultural. No obstante, muchas veces se obvia despertar en ellos una inteligencia emocional capaz de detectar a los estafadores mediante discursos narcotizantes.
Hay personas amantes de la retórica grupal que persiguen a cerebros débiles y angustiados para colocarlos en condición de esclavitud voluntaria, bajo la trampa de promesas destinadas a solucionar carencias que se prolongan e incluso se incrementan durante largos períodos de esperanza.
Desde algunas expresiones religiosas hasta determinadas actividades políticas malintencionadas, pueden esconderse tramas destinadas a idiotizar a las masas y someter su capacidad de razonamiento.
Cuando un individuo entrega lo más valioso de su vida, llamado tiempo, a medida que esa estructura continúa adhiriendo adeptos, la manipulación pasa de lo individual a convertirse en un virus colectivo, traducido en un redil social que termina funcionando como una verdadera cárcel psicológica para un pueblo doblegado.
La salud mental en la República Dominicana muestra señales preocupantes de deterioro en diversas manifestaciones y acontecimientos sociales. Desde el seno familiar, las personas llegan a los distintos escenarios de interacción interpersonal cargando patrones nocivos que actúan como virus contra las «moléculas» del entendimiento crítico, con el propósito de hacer dependiente a un conglomerado obligado a pensar que necesita aquello sobre lo cual ya posee derechos, pero desconoce los mecanismos para hacerlos valer.
El ser humano está rodeado de particularidades capaces de generar sensaciones neurológicas asociadas con la ansiedad. Por consiguiente, de manera inconsciente, cada persona puede ser arrastrada a conceder importancia a situaciones creadoras de rumores, lo que produce grandes incertidumbres debido al amplio nivel de expectativas que generan.
Al decidir emplear su voluntad en perder el tiempo, el malvado capitaliza la conquista lograda sobre la suma de quienes han sido privados de su capacidad de discernimiento.
Y, al igual que ocurre con la explotación de terrenos donde se extraen piedras preciosas y oro, dejando a su paso toneladas de lodo y una tierra prácticamente improductiva, un pequeño grupo puede terminar llevándose al extranjero, dentro de un maletín, las riquezas que pertenecen a todos.
