Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
La confianza se rompe más fácil de lo que se construye.
La confianza puede abrirte puertas, pero también puede llevarte directo a tu propia caída.
A veces, confiamos tanto en un amigo, que le contamos nuestros secretos, le revelamos nuestras debilidades y hasta nos atrevemos a hacer cosas creyendo que siempre nos cubrirá las espaldas.
Pero… ¿qué pasa cuando esa misma persona que hoy guarda tus secretos mañana los utiliza en tu contra? ¿Qué sucede cuando quien prometió callar se convierte en quien más habla?
¡Ahí es cuando entiendes que no todo el que te sonríe es digno de tu confianza!
Recuerda: lo que hoy haces en complicidad, mañana puede convertirse en tu condena. No todo el que te acompaña está dispuesto a cargar contigo las consecuencias.
Confía, sí, pero no entregues tu vida, tus secretos ni tu tranquilidad a cualquiera.
Porque a veces, el peligro no está en tu enemigo, sino en la confianza que depositaste en la persona equivocada.
Aprende a confiar, pero nunca olvides que no todo el que escucha tus confidencias tiene la intención de protegerte.
*No todo el que sabe de ti está contigo.*
