Por Hilario Ramirez
Al ver una entrevista hecha por Jorge Ramos , cuyo tema principal estaba basado en la fe individual, sentí una conexión reflexiva de avivamiento espiritual, revestida de una conciencia higienizada.
En un momento determinado, el apóstol Pablo, a través de su carta a los Corintios, afirmó que la fe debe manifestarse mediante las obras y que estas, a su vez, encuentran en la fe una de sus principales motivaciones.
Desde mi perspectiva, la fe deberá buscar el amparo de una sana confianza y habrá de demostrarse mediante hechos que permitan sostenerla.
Esa perspectiva se traduce en que la espiritualidad experimentada por las emociones de cada persona encuentra su esencia y sentido práctico en el diario vivir, siempre que, previamente, se piense con sentido crítico y se procure comprender las intríngulis sociológicas y científicas de la realidad, teniendo presente referentes como René Descartes y su método basado en la duda.
El dominicano suele mostrar, en determinadas circunstancias, una actitud incauta, propia de quien anda «en Belén y sus pastores», para luego terminar sazonando su discurso con lamentos.
La fe no debería quedarse únicamente en la idea religiosa; también puede acompañarse de la búsqueda de evidencias que permitan comprender, mediante datos y conocimientos científicos, el porqué de las cosas que sustentan nuestras convicciones. Esto ofrece un testimonio sobre la confianza que debemos depositar en aquellas medidas destinadas a garantizar una mejor calidad de vida para una comunidad.
No se puede tener plena confianza en una entidad que te ofrece pan cuando existe una duda razonable sobre la posibilidad de que ese alimento haya sido contaminado.
Por ingenuidad, algunos sectores sociales depositan una confianza inocente en personas maliciosas que, tan pronto acarician el poder recibido, terminan traicionando la confianza que se les había otorgado.
Tanto el amor como la fe y la confianza son elementos que pueden relacionarse estrechamente cuando damos por cierta la expectativa de que todo marcha sin temores ni dudas.
Repetía mi padre: «No te confíes ni de tu propia sombra, tampoco de la camisa que cubre tu pecho, porque desnudarte puede dejarte en el momento inapropiado».
Dios dijo, según la Biblia: «Hágase la luz», y llegó el día para separar la claridad de la oscuridad, a la que llamó noche.
Mientras haya una luz saludable en nuestra mirada, podremos mantener la confianza en quienes permanecen a nuestro alrededor. Sin embargo, cuando alguien nos ofrece algo cuyas verdaderas intenciones no podemos percibir, dudar puede convertirse en un mecanismo de protección antes de dar un paso hacia el éxito.
En medio de un discurso puede permanecer oculta una intención malsana.
Si aprendemos a no dejarnos tentar por tertulias malintencionadas y optamos por aplicar la observación crítica sobre la conducta profunda de las personas, podremos comprender que la vida, más allá de sus movimientos externos, también se encuentra en aquello que permanece oculto debajo de las intenciones.
