Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Todos salen a la calle: unos salen a buscar el sustento de su familia, a estudiar; otros salen a caminar, a hacer esquina, a visitar al vecino, a tomar café y hasta a jugar números en bancas de lotería, pero salen.
Ver la entrega del santiaguero por sobrevivir es calificarlo como un héroe.
Un héroe que se levanta antes del amanecer aunque no sepa si el dinero alcanzará.
Un héroe que enfrenta el calor, los tapones, la inseguridad, los apagones y las dificultades de un país donde sobrevivir parece haberse convertido en un oficio.
Porque mientras muchos discursos hablan de crecimiento y desarrollo, en la calle la gente habla de comida cara, de falta de oportunidades y de la lucha diaria por mantenerse en pie.
Y aun así, el dominicano sale.
Sale aunque esté cansado.
Sale aunque tenga miedo.
Sale aunque por dentro lleve problemas que nadie conoce.
Ahí está el verdadero valor del pueblo: en no rendirse.
En seguir caminando aun cuando el sistema muchas veces le da la espalda.
Pero cuidado…
No podemos normalizar que vivir sea solamente sobrevivir.
No podemos conformarnos con aplaudir la resistencia de un pueblo mientras se ignoran las causas que lo obligan a resistir todos los días.
El santiaguero no necesita lástima.
Necesita respeto, oportunidades y autoridades que entiendan que detrás de cada persona que sale a la calle hay una historia, una necesidad y una batalla silenciosa.
