Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Dice un refrán que cada quien debe superarse a sí mismo, pero parece que en la política dominicana esa superación ha sido únicamente en su capacidad para repetir errores y perfeccionar los abusos.
Es casi una burla del destino que un partido que en el pasado no pasó de una gestión desastrosa, haya sido recompensado dos décadas más tarde con la oportunidad de dirigir nuevamente el país. ¿El resultado? El mismo guion con diferente vestuario. Funcionarios que vuelven a morder la mano que les dio poder, traicionando no solo al presidente que confió en ellos, sino al pueblo entero que esperaba un cambio.
Hoy el pueblo está más endeudado, más desesperanzado y más confundido. La historia no solo se repite: se supera a sí misma en desgracia. Porque el mismo partido que juró ser diferente, terminó perfeccionando los vicios del pasado.
Y aunque duela decirlo: un pueblo que olvida su historia, está condenado no solo a repetirla, sino a vivirla en carne viva, una y otra vez.
