Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
Una de las preguntas más recurrentes y aún sin respuesta clara es:
¿por qué si todos pertenecen al mismo gobierno, actúan como si fueran competencia?
Los funcionarios parecen no conocerse entre sí, no coordinar, no tienen el más mínimo interés en unir esfuerzos por el bien común.
Pareciera que cada institución es una isla separada, y que cada director gobierna su pedazo como dueño absoluto de un territorio prestado.
¿Acaso olvidaron que fueron elegidos para servir a un mismo pueblo?
¿Será que el ego, el afán de protagonismo o la lucha interna por figurar ha superado la misión colectiva?
Lo más preocupante es que mientras compiten entre ellos, los ciudadanos se hunden en el olvido, en la espera eterna de soluciones.
Cada uno brilla en su burbuja, aunque lo demás se derrumbe.
Un gobierno dividido en intereses personales no es gobierno, es desorden con nombre oficial.
Y al final, el país no es un pudín que se reparte por raciones,es una sola tierra que necesita unidad.
