Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Vivimos en una era donde la ayuda genuina ha sido sustituida por el espectáculo. Funcionarios que, en vez de actuar con discreción y empatía, priorizan la presencia de cámaras y micrófonos para mostrar lo que hacen o mejor dicho, lo que quieren que se vea.
Es decepcionante que la necesidad de una comunidad o el dolor de una familia se convierta en una oportunidad para “hacer prensa” y no para hacer justicia. Ayudar no debería ser una estrategia de imagen, sino un deber humano, más aún cuando se ocupa un cargo público.
El verdadero servicio no necesita reflectores, necesita compromiso. Porque lo que se hace con sinceridad no necesita publicidad.
