Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Todos quieren que los defiendan.
Todos exigen respaldo, apoyo, justificación, incluso cuando saben que han actuado mal.
Pero la verdadera pregunta es otra:
¿Todos hacen las cosas bien como para merecer esa defensa?
Vivimos en una sociedad donde se ha vuelto costumbre pedir protección antes que asumir responsabilidad. Donde muchos prefieren buscar quién los excuse, en lugar de revisar sus propias acciones.
La mejor defensa no es un discurso.
No es una excusa bien elaborada.
No es una figura de poder hablando por usted.
La mejor defensa es hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando.
Porque cuando usted actúa con transparencia, con responsabilidad y con respeto, no necesita que nadie salga a defenderlo. Sus hechos hablan por usted.
Defender lo indefendible se ha convertido en una práctica peligrosa. Se justifican errores, se maquillan faltas y se pretende convertir lo incorrecto en aceptable. Y eso no solo daña a quien actúa mal, sino también a quien decide respaldarlo.
No todo el que pide defensa la merece.
Y no todo el que defiende tiene la razón.
Hacer las cosas bien no garantiza aplausos, pero sí garantiza algo más importante: credibilidad.
Y cuando usted tiene credibilidad, la defensa sobra.
Porque al final, la verdad siempre encuentra la forma de sostenerse sola.
