Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
¿Por qué insistir en aplicar la misma dosis a una enfermedad cuyo diagnóstico es claro: mala gestión?
No buscan un nuevo antídoto, no corrigen el fondo del problema; apenas maquillan los síntomas para sostener un círculo viciado que se retroalimenta.
Al final, esa práctica no sana nada. Por el contrario, profundiza el daño: debilita las instituciones, hiere al país y termina erosionando a quienes gobiernan, aunque se empeñen en no verlo.
Repetir errores no es continuidad, es terquedad. Y gobernar sin corregir es, sencillamente, administrar el fracaso.
