Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
Los impuestos no solo están en las facturas.
Están internos:
Internos en el bolsillo golpeado de una población que sufre las constantes alzas del costo de la vida.
Internos en los descuentos ocultos que reducen el valor real de los servicios por los que ya pagamos.
Internos en cada gasto familiar que se vuelve más difícil de sostener.
¿Cómo puede el Estado hablar de eliminar o “revisar” impuestos, cuando el verdadero peso ya lo lleva cada ciudadano en silencio?
Es hora de generar una política que no solo prometa alivios fiscales, sino que realmente permita a las familias adquirir lo necesario para vivir con dignidad.
Eso implica mejorar los salarios, fortalecer las instituciones que deben proteger al ciudadano y formar equipos de seguimiento que garanticen que los recursos lleguen a donde deben llegar.
Un Estado eficiente no es el que más cobra, sino el que mejor administra y distribuye lo que recibe, con transparencia y sentido social.
Los impuestos seguirán siendo internos, sí…
Pero deberían estar internos en soluciones, no en sacrificios.
