Por: Edsel Vila
En la provincia de Santiago existen más de 350 clubes deportivos y comunitarios que, por décadas, han sido el principal refugio formativo de miles de niños y jóvenes. Sin embargo, hoy muchos sobreviven en el abandono, la improvisación y el olvido.
Mientras se habla de desarrollo, prevención y juventud, en la práctica estos espacios siguen siendo ignorados.
Un rol social ignorado
Los clubes cumplen funciones que muchas instituciones no logran asumir:
• Previenen la delincuencia y la deserción escolar.
• Promueven valores y disciplina.
• Forman líderes comunitarios.
• Fortalecen la convivencia.
• Descubren talentos deportivos.
Aun así, su aporte no recibe el reconocimiento ni el respaldo que merece.
Responsabilidad compartida
La crisis de los clubes no es casual. Es el resultado de fallas acumuladas en varios niveles.
Falta de compromiso institucional
Las autoridades locales y nacionales han mostrado poca voluntad para establecer políticas estables de apoyo. La ayuda, cuando existe, es esporádica, politizada y sin seguimiento.
Ausencia del sector social
Gran parte de la sociedad consume deporte y entretenimiento, pero rara vez invierte en la base comunitaria que lo produce.
Debilidad dirigencial
Muchos dirigentes trabajan con sacrificio, pero también persisten prácticas desorganizadas, falta de transparencia y resistencia al cambio.
Sin planificación ni rendición de cuentas, ningún proyecto puede sostenerse.
Sobrevivencia precaria
Hoy, la mayoría de los clubes subsiste con recursos mínimos obtenidos a través de:
• Rifas y bingos.
• Actividades comunitarias.
• Torneos improvisados.
Estos ingresos apenas alcanzan para cubrir gastos básicos.
Consecuencias del abandono
La falta de apoyo genera efectos graves:
• Pérdida de talentos.
• Cierre de clubes históricos.
• Mayor exposición de jóvenes a la violencia.
• Deterioro del tejido social.
Cada club que desaparece es una oportunidad perdida para la comunidad.
Hacia un cambio real
Superar esta crisis exige acciones concretas:
• Políticas públicas claras y permanentes.
• Supervisión y evaluación de proyectos.
• Profesionalización dirigencial.
• Transparencia administrativa.
• Participación comunitaria activa.
No se trata de discursos, sino de compromiso real.
Conclusión
Los clubes de Santiago no necesitan promesas, ni discursos vacíos. Necesitan respeto, planificación y apoyo estructural.
Las autoridades, la sociedad y los dirigentes nacionales deben asumir su responsabilidad histórica. Seguir ignorando esta realidad es condenar a miles de jóvenes a la exclusión.
Defender los clubes es defender el futuro.
