Por Hilario Ramírez
En la vida social cotidiana, muchas personas conducen su accionar en desmedido manejo emocional sobre los valores éticos.
Cuando los valores humanos cuyo origen empieza en la familia, van dando indicadores de progresiva perdición, se arrastra en sus aguas la vulnerable responsabilidad.
Hasta cuando alguien conduce un automóvil de manera irresponsable con medalaganaria actitud, para cualquier mente interpretativa, entiende la conducta de ese ciudadano una muestra de comprometida salud mental, en la que descansa el sedimento de la derrota, al sentir que ya nada importa, tras no lograr resolver un enigma personal y entonces lo lleva a perderle el amor y respeto por la vida de su prójimo.
Pedir a una colectividad, uno de los más preciados valores a sabiendas que precisamente es el mayor golpeado en la actual situación económica, es ironía en su contra.
Paciencia, cuando esa salud emocional además de afectada por la presión económica, la temperatura candente cocina el caldero de incertidumbre ciudadana enfrentados a prolongados apagones.
Los valores humanos alejados cada vez más del amor propio de cada individuo desde la adolescencia, cuales se observan proporcional al deterioro institucional y compromiso de Estado representado en los tres principales poderes desdeñado por esas figuras políticas electas.
En el léxico rural es muy conocida la expresión campestre: «deja de plaguear, que eso es lo que se pudo conseguir y tal vez más tarde aparezca algo que remajear».
Un tipo de plática de desplomado estado emocional, desde aquel momento en que unos padres prefirieron ser humillados por alguien portentoso y así llevar migajas a sus hijos.
A los popy’s nadie se les ocurre pedirle ni siquiera paciencia, porque esa clase sectorial de la economía nacional nada le falta, pero tampoco firman acuerdos con personas pobres, lo cual le importa poco que a los descamisado se los lleve quien los trajo.
Los menores de edad, particularmente en mayor proporción los del género femenino, han sido abandonados a su elegida suerte sin tener edad para elegir, a pesar de que esa pérdida de valores no es culpa de ellos pero quienes se los quitan (las autoridades), manipulan para que padres y niños asuman esa culpa.
El gobierno quita a ciudadanos sus valores, luego de quitarles la mayor cantidad de los mismos, piden al mismo engañado pueblo, un poco del más hermoso valor: Paciencia.
Al iniciar año 2015 hubo en la lectura informativa y periodística el uso irónico en la sátira, para enviar mensajes críticos a las políticas de manejos desiguales.
Para esa fecha el mundo fue sorprendido ante la noticia de atentado mortal en contra del caricaturista y trabajadores.
La vida está tan llena de contrastes, que las caricaturas contestataria ya no salen de percepción ciudadana; ahora el verdugo sujeto a críticas, es quien usurpa la función irónica en desmedro de quienes padecen lesiones causadas por ese caricaturista.
Ya la población de las clases media y pobre no sentirán la idea de apagones energético así tampoco desnutrición por escasos alimentos, porque aprenderán a elevar la sublimación filosófica de la paciencia.
El atentado contra Charlie Hebdo, semanario satírico francés, fue un tiroteo llevado a cabo en París el 7 de enero de 2015, cuando dos hombres enmascarados, armados con fusiles de asalto y otras armas entraron en las oficinas de la revista.
