Una persona puede llevar meses o incluso años sin consumir y continuar viviendo con resentimiento, impulsividad, aislamiento, ansiedad, dificultad para manejar la frustración o una profunda sensación de vacío. Puede haber dejado la sustancia, pero no necesariamente ha aprendido a vivir de una manera diferente.
SANTO DOMINGO,RD,-Dejar de consumir una sustancia es, sin duda, un logro importante. Pero abstenerse no siempre significa estar recuperado. Con frecuencia, familiares y hasta la propia persona creen que el problema terminó cuando desaparece el consumo de alcohol, cocaína, medicamentos u otras sustancias. Sin embargo, la adicción es mucho más compleja que la conducta de consumir. Detrás de ella suelen existir dificultades emocionales, patrones de pensamiento, relaciones disfuncionales, heridas no elaboradas y formas poco saludables de enfrentar el estrés y el dolor.
Por eso es fundamental diferenciar entre abstinencia y recuperación. Una persona puede llevar meses o incluso años sin consumir y continuar viviendo con resentimiento, impulsividad, aislamiento, ansiedad, dificultad para manejar la frustración o una profunda sensación de vacío. Puede haber dejado la sustancia, pero no necesariamente ha aprendido a vivir de una manera diferente.
La recuperación implica desarrollar nuevas herramientas para enfrentar las emociones, asumir responsabilidades, reconstruir relaciones, establecer límites y recuperar progresivamente la confianza de quienes han sido afectados. También supone aprender a reconocer señales de riesgo y pedir ayuda antes de que una crisis conduzca nuevamente al consumo.
Tratamiento y desafío
Otro aspecto fundamental es construir una vida que tenga sentido. Si la persona solamente se dedica a “no consumir”, pero no encuentra nuevos intereses, vínculos saludables, responsabilidades y proyectos, puede permanecer en una especie de vacío emocional que aumenta su vulnerabilidad.
Por eso, en nuestro abordaje el objetivo del tratamiento no debería ser únicamente conseguir que una persona deje de consumir. El verdadero desafío es ayudarla a construir una vida suficientemente satisfactoria como para que el consumo deje de parecer una solución necesaria.
La recuperación tampoco es un proceso lineal.
Puede haber avances, retrocesos, momentos de duda y dificultades. Una recaída no debe interpretarse automáticamente como el fracaso absoluto del tratamiento, sino como una señal que requiere evaluación, responsabilidad y ajustes en el proceso terapéutico.
La abstinencia es un comienzo extraordinario, pero no es el destino final. Dejar de consumir significa que la sustancia ya no está presente. Recuperarse significa aprender a vivir sin necesitarla.
