Por Esmerlin Molina
Después de varios años haciendo periodismo, hay una pregunta que cada vez me hago con más frecuencia: ¿qué estamos mirando como sociedad y qué estamos dejando de mirar?
Hoy, en el Día Mundial de las Noticias, creo que vale la pena detenernos en esa pregunta.
Quienes hacemos periodismo sabemos que detrás de cada noticia debería existir un hecho, una verificación, una fuente confiable y, sobre todo, una razón por la que esa información merece ser conocida por la sociedad.
Pero en estos tiempos, donde las redes sociales marcan gran parte de la conversación pública, parece que en ocasiones hemos comenzado a confundir lo que genera atención con lo que realmente tiene importancia.
Y no es lo mismo.
No todo lo que se hace viral es noticia. No todo lo que provoca miles de comentarios tiene necesariamente un verdadero valor informativo. Y no todo lo que llama la atención durante unos minutos merece desplazar de nuestra mirada aquellos temas que sí afectan la vida de las personas.
Esto no significa que debamos ignorar aquello que es tendencia. Significa que debemos preguntarnos qué hay detrás de esa tendencia y qué aporte tiene convertirla en información.
En mi experiencia como periodista, he aprendido que muchas veces las noticias más importantes no son necesariamente las que más ruido hacen.
Están en una comunidad que lleva meses esperando agua potable.
En una familia que busca respuestas.
En una institución que desarrolla un proyecto que puede beneficiar a cientos de personas.
En un joven que, con esfuerzo, consigue una oportunidad.
En una investigación que revela una problemática que necesita atención.
En una persona que hace algo positivo por los demás y cuya historia puede inspirar a muchos.
También están, por supuesto, las noticias que nos preocupan: la violencia, la inseguridad, las deficiencias de los servicios, los conflictos sociales y tantas situaciones que afectan directamente a nuestras comunidades.
Esas realidades también tienen que ser contadas.
Pero creo que ahí está precisamente nuestra responsabilidad como periodistas: contarlas con rigor y no convertirlas en espectáculo.
Informar sobre una tragedia no significa explotar el dolor de quienes la están viviendo. Informar sobre un conflicto no significa alimentar el conflicto. Informar sobre una denuncia no significa convertir una acusación en una verdad sin antes comprobarla.
El periodismo exige pausa, incluso cuando todo a nuestro alrededor nos invita a publicar rápido. Exige preguntar, confirmar, contrastar, escuchar las distintas partes y tener claro que detrás de cada información hay personas que pueden verse afectadas por lo que nosotros decidamos publicar.
Por eso considero que quienes hacemos periodismo debemos procurar ser referentes de confianza.
No porque tengamos todas las respuestas, sino porque la ciudadanía pueda tener la certeza de que cuando hablamos, hemos hecho el trabajo de investigar y verificar.
Hoy tenemos más herramientas para informar que nunca. Pero tener más herramientas también significa tener una mayor responsabilidad.
Porque cualquiera puede publicar, pero no cualquiera hace periodismo.
Y creo que esa diferencia debemos defenderla, defender el valor de una fuente confiable, defender la investigación, defender la verificación, defender el contexto, defender la ética y también defender la buena noticia.
Porque en medio de tantas informaciones negativas, también tenemos la responsabilidad de contar aquello que funciona, aquello que avanza, aquello que inspira y aquellas personas que están haciendo la diferencia.
No se trata de ocultar los problemas. Al contrario: se trata de visibilizarlos para que puedan ser atendidos. Pero tampoco podemos permitir que la sociedad termine creyendo que únicamente aquello que genera miedo, escándalo o polémica merece nuestra atención.
Hay mucho más que contar.
Por eso, en este Día Mundial de las Noticias, más que celebrar simplemente el hecho de que las noticias existan, creo que debemos reflexionar sobre qué estamos eligiendo contar y por qué.
¿Qué estamos poniendo en primera plana?
¿Qué estamos convirtiendo en tendencia?
¿Qué estamos compartiendo?
¿Y qué historias estamos dejando fuera mientras perseguimos aquello que simplemente genera más interacción?
Como periodista, creo que nuestro compromiso debe seguir siendo el mismo: informar con responsabilidad y poner nuestra profesión al servicio de la sociedad.
Porque no todo es noticia.
Y justamente por eso, cuando decidimos convertir un hecho en noticia, debemos estar conscientes del peso que tiene esa decisión.
Al final, quizás el verdadero reto del periodismo de hoy no sea solamente informar más.
Sea aprender nuevamente a mirar mejor.
A mirar lo que importa.
A mirar lo que duele, pero también lo que inspira.
A mirar los problemas, pero también las soluciones.
A mirar aquello que hace ruido, pero sin dejar de escuchar aquello que verdaderamente necesita ser contado.
Porque una sociedad bien informada no es necesariamente la que recibe más información, es aquella que puede distinguir la información que merece su atención.
