Opinión

Los pocos nutrientes afectan a las políticas públicas

Escrito por Santiagoesnoticia

Por Hilario Ramírez

 

Las personas con hábitos alimenticios caracterizados por la pobreza de nutrientes, pueden reflejar sus deficiencias a la hora de cumplir con el rol que les ha asignado una población electoral confiada en ver transformaciones y transparencia gerencial.

En medio de las obras del teleférico y el monorriel en Santiago, se esconden las travesuras de los grandes intereses que actúan bajo la farsa de la viabilidad del tránsito.

Con soportes de pan y circo, marean a la población incauta, drogada emocionalmente con los personajes de Juan Bobo y Pedro Animal.

Santiago de los Caballeros pudiera disfrutar del medio de transporte público más efectivo que dejó la gestión del profesor catedrático y estadista Leonel Fernández Reyna: el servicio de la ONSA.

No es posible ese disfrute debido al estiércol corrupto de un gobierno que vendió el cambio y, sin embargo, dejó a la nación estancada en un sueño del que no logra despertar.

Una estafa tras otra sigue siendo el efecto emocional que provocan tantas promesas incumplidas.

La ineficiente administración vial les ha permitido a las autoridades mostrarse creativas a la hora de estafar a los usuarios del transporte de guaguas de la ONSA, vinculando ese servicio con el imaginario monorriel y el infuncional teleférico.

Esta estrategia de marketing pretende combinar dos modernos servicios de transporte público y, como beneficio adicional, permitir abordar la ONSA por el mismo costo.

A fin de dinamizar el flujo del tránsito y el movimiento de los usuarios, el Gobierno dispuso un sistema moderno de cobro para controlar el acceso a dichos autobuses, mediante el cual el usuario debe comprar un ticket de cinco días hábiles para acceder a la movilidad que lo llevará a su destino.

El deficiente funcionamiento de ese servicio se agravó a partir de esa pobre creatividad recaudatoria.

De esos tres medios de transporte, el monorriel aún es una ilusión; el teleférico fue despreciado por los santiagueros, mientras que el transporte público de la ONSA circula durante las 24 horas sin pasajeros, porque todos coinciden en señalar que pagar el costo total por un servicio que no se cumple constituye una estafa.

A esto se suma la vergonzosa realidad de tener que esperar dos y hasta tres horas para ver llegar una de esas gigantescas guaguas.

La ONSA paga a miles de empleados que no devuelven a la población el sacrificio que esta hace al pagar impuestos, mientras que el costo del transporte en concho compite en igualdad de condiciones con el del sector choferil privado.

Las instituciones de tránsito, en complicidad con los responsables de captar las millonadas que financian esos proyectos, merecen, en términos literarios y de psicología social, una comparación con la jaiba y los nutrientes contenidos en una tayota.

Partiendo de las particularidades de ambos seres vivos —crustáceos y vegetales—, la comparación apunta a la mierda en la cabeza y al elevado porcentaje de agua contenido en esa fruta espinosa.

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