Por Hilario Ramirez
En la historicidad individual de las experiencias personales, suelen salir a flote las emociones ocultas.
En esas energías sensoriales, al igual que ocurre con una tarjeta electrónica, se filtran agentes negativos capaces de generar circuitos.
La vida del ser humano civilizado se ve envuelta en situaciones de convivencia conflictivas, cuya razón principal suele ser la lucha por el protagonismo: ese papel de actuación mediante el cual, de forma reactiva, las personas delatan un lenguaje kinésico cargado de recelos.
Esas emociones encontradas son las que describen una identidad particular de aquello que definimos como fortaleza del cuerpo humano.
Cuando una persona percibe el vacío de algo que considera necesario, el cerebro presiona sobre ese elemento imprescindible y, al ser revelado mediante el habla articulada, puede convertirse en su punto débil.
Esa característica será entonces indagada por alguien que no soporta ver a otra persona alcanzar un nivel socioeconómico superior.
Por lo cual, hará de todo para enfrentarlo mediante una simulada amistad dulce y, con sigilo, envenenar el sendero por donde esa persona afortunada procura diligentemente alcanzar la calidad de vida que busca.
En la salud mental, reflejada y resaltada por encima de los afanes materializados, la curiosidad investigativa puede convertirse en la primera señal que una persona observadora detecte en la conducta de un individuo afectado por la enfermedad de la envidia.
La salud física y el bienestar económico están sujetos al exhaustivo cuidado de nuestras emociones.
Nuestro cuerpo, compuesto por órganos que, a su vez, están conectados a un campo neurológico, puede ver perseguida su voluntad de actuar por quienes desarrollan una adicción a controlar a los demás.
Siempre se ha expresado que las palabras tienen poder para cambiar decisiones.
De manera constante, la lucha por administrar el poder es librada a diario por muchas personas que se dedican a averiguar los gustos y preferencias de quienes las rodean.
Con tal de obtener el control de un poder determinado, algunos se muestran dadivosos, ofreciendo refrigerios o invitaciones a un picnic, hasta conseguir que el indagado «suelte la sopa».
Una tórtola se atrapa fácilmente siempre y cuando muestre que su punto débil es la migaja de alimento.
Nunca les digas a otros cuáles son tus fortalezas ni tus debilidades. Si cumples con ello, te aseguro que tendrás mayor control sobre tu propia felicidad y sobre aquella que compartes con los tuyos.
El hecho de que puedas hablar dentro del proceso comunicativo no significa que estés compelido a revelar la ruta de los pasos que has trazado para alcanzar tu meta.
Tan solo una frase de confesión puede ser suficiente para que el enemigo descubra tu punto débil y utilice esa información para destruir tus propósitos.
