Santiago tiene más hijos adoptivos que paridos
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Pareciera una película repetitiva ver cómo las autoridades municipales valoran más los legados, las virtudes y los buenos ejemplos de “hijos adoptivos” que de los propios paridos por Santiago.
Se ha vuelto costumbre mirar hacia afuera para reconocer, mientras se ignora lo que nace, crece y aporta desde dentro. Como si lo ajeno tuviera más mérito que lo propio. Como si este municipio necesitara convertirse en un orfanato de talentos, recogiendo figuras de cualquier parte, menos de su propia casa.
Cuando el reconocimiento se vuelve rutina, pierde su valor. Se convierte en un acto vacío, más simbólico que significativo.
¿Y mientras tanto?
Los munícipes no están esperando placas ni homenajes. Están esperando soluciones.
Para ellos, el verdadero reconocimiento es otro:
es resolver el drenaje pluvial, organizar el tránsito, invertir en aceras y contenes, recuperar las cañadas, fortalecer el presupuesto participativo, construir canchas, casas club, apoyar la educación y atender las necesidades sociales.
Ese es el reconocimiento que transforma vidas.
Ese es el reconocimiento que sí tiene valor.
- Porque al final, un pueblo no necesita más hijos adoptivos.
Necesita que se le respete y se le responda a sus propios hijos.
