Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
En cada rincón del país se escucha una sola voz: ¡Necesitamos salud mental! Pero, ¿con quién debe comenzar este trabajo? ¿Con el sistema? ¿Con las autoridades? ¿O con el mismo ser humano que ha perdido el rumbo por la ambición y la avaricia?
La salud mental no solo se trata de terapias, medicamentos o diagnósticos. Es un equilibrio que involucra factores sociales, familiares, económicos y emocionales. ¿Cómo hablar de estabilidad mental cuando se vive en un entorno donde reina la desigualdad, el abuso de poder y la violencia?
Pedimos salud mental, pero seguimos alimentando un sistema que enferma. Pedimos paz, pero desde el hogar se cultivan gritos, abandono y presión. Pedimos ayuda, pero no aceptamos escuchar ni cambiar.
Es momento de que Salud Mental deje de ser solo una oficina y se convierta en un compromiso de todos: desde el gobierno que debe garantizar condiciones dignas, hasta el ciudadano que debe comprometerse con el respeto, la empatía y el amor propio y al prójimo.
Porque un país sano mentalmente no se construye con recetas, sino con humanidad.
