Por: Marisela Gutiérrez
Hay cicatrices que ni el mejor cirujano puede borrar.
Algunas son visibles: la que deja una cesárea, un accidente, una cirugía… Todas hablan de supervivencia, de fuerza, de *valentía*. Y aunque marquen la piel, no hieren el alma.
Pero hay otras las más dolorosas que no se ven.
Son las cicatrices del alma, esas que dejan las traiciones, las ausencias, los abusos, los abandonos.
Esas no sanan con bisturí ni con cremas, porque se. abren por dentro cada vez que la memoria las toca.
La única cura posible está en el alma también.
Hacer el bien, actuar con humildad, perdonar y ser agradecido, son los únicos medicamentos capaces de cerrar esa herida.
La cicatriz no tiene por qué ser una condena.
Puede ser un recuerdo de lo que superaste , no una prisión de lo que sufriste.
