Por: Marisela Gutiérrez
«Pulpo» es una palabra que las autoridades han utilizado para describir redes de corrupción con múltiples tentáculos.
Pero también es una palabra que *calza perfectamente* con ciertos profesionales del ámbito comunicacional, que llevan décadas actuando bajo ese mismo esquema… sin que nadie se atreva a investigar su verdadera procedencia ni sus alianzas.
Sí, el trabajo dignifica.
Pero cuando se trabaja con *avaricia, manipulación y codicia*, las consecuencias deberían ser inevitables.
Los *pulpos de la comunicación* se creen invencibles. Se mueven con la seguridad de quien tiene *patrocinio en todos los gobiernos*, de quienes entran como *ladrón en la noche*, y poco a poco se convierten en «indispensables» para los que los acogen… aunque esos mismos saben que están alimentando una bestia que luego se volverá contra ellos.
Tienen tentáculos en la política, en la publicidad, en los medios, en el chantaje.
Son insaciables. No se conforman con lo que tienen: *quieren lo de todos*.
No creen en límites. No entienden de ética. Son un *barril sin fondo*, disfrazado de profesionalismo.
Y lo más preocupante: siguen creciendo.
