Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
No hay destino más cruel que por quedar bien con otros, debas forzarte a fingir algo que no deseas hacer: sonreír.
Hacer creer lo que nunca has sentido a través de una risa. Una expresión que en su esencia simboliza satisfacción, alegría o empatía, pero que con el tiempo ha sido secuestrada por el cinismo.
Hoy esa sonrisa que debería transmitir sinceridad se ha convertido en un disfraz de la hipocresía, una herramienta para aparentar cordialidad o esconder intenciones. Fingir felicidad no te hace más amable, te hace más invisible ante ti mismo.
La sonrisa no debería ser una obligación, sino el reflejo genuino de un alma en paz.
