Por: Marisela Gutiérrez
Hay un refrán muy común:
“No se debe morder la mano que te dio de comer.”
Pero en estos tiempos, esa frase parece haberse quedado sin valor.
La lealtad ya no depende del momento en que alguien te tendió la mano: si fue en la niñez, en la juventud, en el trabajo o en la política da igual.
Ser leal no tiene fecha de inicio ni de caducidad.
Es una decisión consciente que no se mide por intereses, sino por gratitud.
Hay quienes solo hablan de lealtad cuando reciben un beneficio. Pero una vez satisfecho su deseo, te ven como un estorbo o un obstáculo para seguir escalando.
Quien actúa a tus espaldas de manera desleal nunca fue tu amigo.
El interés por tener más, por aparentar, por ser “el que manda”, ha matado la lealtad de forma irreparable.
Y ni el arrepentimiento la resucita.
Un amigo verdadero no te da la razón siempre.
Te corrige, te confronta, pero lo hace de frente, no por la espalda.
Te ayuda a mejorar, te suma, te protege. No te traiciona en el primer descuido.
No se trata de no creer en nadie, pero sí de tener claro con quién cuentas realmente.
Y ese, será tu verdadero triunfo.
Para: Andrés Cueto.
