Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
La Constitución Dominicana establece claramente que todo ciudadano tiene derecho a la salud, a la alimentación, a la educación, a una vivienda digna y al trabajo. Sin embargo, es irónico y preocupante que, cuando se trabaja para garantizar esos derechos, muchos ciudadanos muestran apatía, rechazo o desinterés.
Un claro ejemplo es el esfuerzo del Ministerio de Salud Pública recorriendo calles, instalando puestos móviles, y buscando puntos estratégicos para vacunar a la población contra enfermedades prevenibles. Pese a esos esfuerzos, lo que encontramos es una ciudadanía que se niega, que desconfía o simplemente no quiere.
¿Cómo se exige un derecho y luego se rechaza cuando se ofrece?
Estamos llegando al punto en que, incluso para cuidar su propia salud, al ciudadano hay que convencerlo, casi rogarle. Ya ni lo regalado lo quieren recibir. Se exige desde la ignorancia, se protesta desde el descuido.
La salud es un derecho, sí, pero también una responsabilidad compartida. Y si como sociedad no entendemos eso, estaremos condenados a vivir las consecuencias de nuestras propias decisiones o de nuestra indiferencia.
