Por Hilario Ramírez
Estar en Belén con los pastores es caer en una inercia reactiva, más dormida que un oso en invierno.
Es una emotividad adormecida y distraída, incapaz de reactivar la capacidad crítica de la conciencia.
Las AFP administran actualmente miles de millones de pesos provenientes de los ahorros de los trabajadores, quienes, paradójicamente, no pueden disponer libremente de esos recursos, mientras otros actores sí tienen acceso a ellos.
Para muchos, este sistema constituye un entramado que popularmente ha sido calificado como el «robo del siglo».
Las masas poblacionales de la República Dominicana duermen un sueño eterno mientras, según esta percepción, se manejan sus fondos de pensiones bajo la complicidad de quienes dirigen los destinos de la nación.
Al momento del despegue del primer gobierno del PRM, desde sus propias columnas dirigenciales se alertaba a la opinión pública sobre una supuesta negociación de Luis Abinader con sectores de la oligarquía, con el propósito de decir y hacer aquello que decidiera esa plataforma empresarial.
De esa observación nació la creatividad popular que comenzó a llamar a los herederos de esa finalidad gubernamental «los popis», mientras que, al otro lado, quedaba el pueblo marginado, identificado popularmente como «los gua gua gua».
Durante la tiranía del estadista Dr. Joaquín Balaguer, los dominicanos que vivían sumidos en aterradoras condiciones económicas percibían cierto grado de justicia social, representada, en parte, por quienes se presentaban como defensores de la población desde las centrales sindicales.
Lamentablemente, esos supuestos defensores bíblicos de los más débiles fueron, según esta visión, comprados mediante salarios y prebendas, convirtiéndose en beneficiarios de un sistema que favorecía a las mismas autoridades acusadas de administrar los recursos de los trabajadores.
De esta manera, los fondos de pensiones terminarían colocados en manos de sectores empresariales, sin que los trabajadores tuvieran garantías suficientes sobre el retorno del capital ni sobre una compensación justa por las ganancias generadas mediante esos recursos.
Los mismos apellidos extranjeros que, según la interpretación histórica del autor, se quedaron con parte de las riquezas acumuladas durante la dictadura de Leónidas Trujillo —quien despojó a numerosos dominicanos de sus bienes— reciben hoy también recursos provenientes de los trabajadores.
Quienes están obligados a realizar aportes a las AFP y, en muchos casos, viven con la incertidumbre de no poder disfrutar plenamente de aquello que consideran legítimamente suyo.
