Por Hilario Ramírez
Miles de dominicanos duermen con la esperanza de algún día alcanzar el llamado sueño americano.
Tristemente, algunos son traicionados por la apatía de aprender una segunda lengua antes de emprender cualquier intento académico o laboral en un entorno donde el idioma inglés resulta fundamental.
Ignoran, además, que, pese a las actitudes racistas que puedan manifestarse, no es posible comprender plenamente la identidad dominicana sin reconocer la realidad histórica y geográfica de nuestra frontera con la vecina nación de Haití, con la cual compartimos la isla, además de determinadas expresiones culturales, dinámicas económicas y vínculos laborales y comerciales.
Ante esa realidad irrenunciable, todo dominicano que aspire a hacer realidad el sueño de llegar a suelo norteamericano debería ampliar sus conocimientos lingüísticos y culturales, incluyendo el aprendizaje del francés y, cuando sea posible, el conocimiento del criollo haitiano, lengua ampliamente utilizada por la población haitiana.
Al trazarse esa meta académica, estará ampliando su currículo y fortaleciendo sus competencias ante los requerimientos de un mercado laboral internacional.
También estará en mejores condiciones para comprender las relaciones humanas, históricas y culturales que existen entre las sociedades del Caribe y sus respectivas comunidades migrantes.
A sabiendas de la importancia que reviste el conocimiento de una segunda lengua extranjera para fortalecer las posibilidades de acceder a un empleo bien remunerado, no menos importante es contar con conocimientos sólidos sobre la identidad, la cultura y la realidad social de quienes habitan al otro lado de nuestra franja fronteriza.
Si el dominicano logra dominar otros idiomas, como el inglés y el francés, y agrega a esa preparación el estudio del criollo haitiano y de la realidad sociocultural de Haití, tendrá una base más amplia para desenvolverse en un mundo globalizado y aspirar a una mejor calidad de vida.
Muchos son los arrogantes que se manifiestan orgullosos cuando obtienen un título o certificación que acredita su dominio del idioma inglés.
Sin embargo, a la hora de interactuar con vecinos de la nación fronteriza, pueden descubrir que algunos de ellos, además de dominar el inglés, también hablan y escriben español.
Esta realidad demuestra que el conocimiento de idiomas puede convertirse en una herramienta de integración y comprensión, mientras que los prejuicios y las valoraciones infundadas pueden convertirse en una barrera para comprender al otro.
Conocer una lengua no significa solamente aprender palabras y reglas gramaticales.
También implica acercarse a la historia, la cultura, los temores, las aspiraciones y las fortalezas de quienes la utilizan.
Por eso, el verdadero sueño americano no debería limitarse a cruzar una frontera geográfica.
También debería representar la oportunidad de ampliar la mente, superar prejuicios y adquirir conocimientos que permitan comprender mejor la diversidad humana.
El dominio del inglés puede abrir una puerta hacia Estados Unidos; el conocimiento de otras lenguas y culturas puede enseñar al individuo a caminar por un mundo mucho más amplio.
