
A esa conmoción telúrica le siguieron otras de mayores y menores intensidades que se prolongaron hasta la noche, lo que determinó que ese día muchos capitaleños abandonaron sus hogares para pernoctar en plazas y en lugares abiertos.
El terremoto del 4 de agosto de 1946 fue de una magnitud de 8.1 grados en la escala de Ritchter, el mismo estuvo localizado en la latitud 18 grados, 7 minutos Norte y en la longitud 69 grados y 17 minutos Oeste.
Ese sismo se sintió en gran parte del territorio nacional, ocasionando los mayores daños en la ciudad de Santo Domingo y en las villas costeras de Matanzas y de Nagua (Julia Molina).
Cuando ese terremoto ocurrió, la República Dominicana no disponía de recursos humanos ni tecnológicos con que localizar y medir la intensidad de los sismos.
Todos los detalles técnicos referentes al terremoto de 1946 fueron trasmitidos por vía telegráfica a las autoridades dominicanas desde las estaciones sismológicas localizadas en los Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba.
El sismo fue descrito por los observadores norteamericanos y de otros países “como uno de los más violentos movimientos sísmicos de que se tenían noticias”.
Para entonces la ciudad de Santo Domingo (Ciudad Trujillo) era una ciudad pequeña, la mayoría de las viviendas de la capital dominicana eran de madera, techadas de cinc, y las edificaciones no eran altas.
